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La edición de una revista en formato digital, escrita en lengua española y enteramente dedicada a la figura y al pensamiento de Søren Kierkegaard es una muy buena noticia. Ello va a permitir ampliar el campo de comunicación entre los investigadores del filósofo danés y, a la par, permitirá desarrollar y proponer líneas de investigación en torno a la obra de Kierkegaard y su proyección en el pensamiento contemporáneo. Desde los esbozos unamunianos hasta la exégesis de los posmodernos deconstrutivistas, el pensamiento de Kierkegaard ha sido objeto de interpretaciones y de hermenéuticas muy singulares.

Kierkegaard y Nietzsche han sido, en palabras de Karl Jaspers, los dos pensadores más fundamentales del siglo XX, a pesar de que uno murió en 1855 y otro en 1900. Ambos han pervivido en los textos, en la literatura y en la creación del siglo pasado y todo parece indicar que el siglo XXI no les va a enterrar, sino que también va a ser una para releerlos, estudiarlos, editarlos y traducirlos.

Un mundo insoportablemente leve como el universo postmoderno necesita, como el aire, profundidad, hondura, penetración en lo espiritual, en el lado oculto del ser humano. El cansancio que genera un mundo que sólo conjuga el verbo consumir y se desplaza epidérmicamente tras las huellas del último histrión mediático, abre las puertas al pensamiento profundo y exige, de nuevo, autenticidad, lenguaje sobre lo esencial. En este sentido, una revista dedicada ex professo a la figura de Kierkegaard no sólo es un signo de vitalidad intelectual en los países de lengua hispánica, sino, además, un compromiso con el pensamiento que busca, fielmente, la verdad más honda del mundo, de la historia, del hombre y de Dios.

La vitalidad del pensamiento kierkegaardiano en el siglo XX ha sido tan fecunda que ha dejado huella en pensadores, escritores, teólogos, artistas y filósofos de escuelas, tendencias y concepciones radicalmente distintas y no sólo en el estricto ámbito de la cultura occidental, también más allá de Europa, en entornos social y religiosamente muy alejado del contexto vital de Kierkegaard. Todo ello prueba que la obra de Kierkegaard sigue siendo un estímulo intelectual, una ocasión para ahondar en la entraña del ser humano, un pretexto para pensar la existencia como una posibilidad única.

Auguro un gran futuro a esta revista y espero que sea una ocasión, para introducir el pensamiento de Kierkegaard en los grandes debates intelectuales que se están generando en los albores del siglo XXI. En el horizonte intelectual del filósofo danés no están problemas como la globalización, la identidad y la diferencia, el neocapitalismo salvaje, la desmoralización colectiva, el diálogo interreligioso, la paz mundial, la postsecularización o la crisis ecológica, pero sí que existen los fundamentos esenciales para abordar cualquier debate sobre lo humano y lo divino, sobre el sentido de la existencia, desde la más honda penetración intelectual. En este sentido, Kierkegaard y todo el pensamiento que, de algún modo, se inspira en él, más allá de las querellas y de las disputas (legítimas) entre especialistas, será altamente significativo en este siglo XXI.


Francesc Torralba Roselló
Subdirector